miércoles, 21 de junio de 2023

El hombre más hermoso...

 Él dice que no tiene de eso, pero hace unas semanas, una angina de pecho le hizo un atentado al corazón de mi hermoso padre, sí, hermoso y mucho. Mi primer recuerdo consciente de su atractivo, se remonta a mis ocho años de edad. En la cuadra estrecha del Barrio Roma, durante la madrugada, atraparon a un ladrón, lo habían golpeado, desnudado y lo tenían atado al poste de la esquina de la casa. Mi papá, debía irse a trabajar. Se preparó como siempre, en un ritual de acicalamiento minucioso que aun conserva. Lo vi salir con su bello vestido raya de tiza de color negro, su camisa blanca y su corbata vinotinto. Caminó erguido, altivo, mentón arriba (como dicen que ando yo). Atravesó la cuadra entre la multitud curiosa de vecinos en pijama y niños asustados, miró al ladrón indefenso a los ojos y desapareció. Recuerdo que me pareció ver al hombre más hermoso del mundo. Por eso, cuando llegué a la sala de observación donde lo tenían canalizado, pregunté a todo grito, ante la cara de sorpresa de enfermeras y pacientes: ¿Dónde está el hombre más hermoso de este hospital? 








El diseñador

 

La última vez que la vio fue en Eldorado, subiéndose a un avión de regreso a Barcelona. Ese tiquete le había costado varios meses de trabajo y muchas privaciones, pero con tal de ver a su hija, todo era poco, según decía. De eso hace ya seis años. En su pequeño cuarto de Bachué todo sigue igual, como si ella no se hubiera ido. Su dragón de fieltro, los rayones en la pared y su altar con fotos. Ilustraciones de los dos viajando por universos paralelos la mantienen presente, como cuando ella era su niñita y él era feliz.

* Texto hecho para un consurso, hace unos años.


martes, 20 de junio de 2023

No les pasa que a veces...


¿No les pasa que a veces, el atardecer parece hecho para ustedes por encargo?

¿No les pasa que a veces, amanecen más enamorados que un palomo azúl?

¿No les pasa que a veces, les toca abrazarse a ustedes mismos?

¿No les pasa que a veces, quieren hacerse bolita como gatico?

¿No les pasa que a veces, quieren dejar su carrera y dedicarse al yoga facial?

¿No les pasa que a veces, quieren que todos los días sean sábado de tintico con los papás?

¿ No les pasa que a veces, quieren salir corriendo a buscar al ingrato?

¿No les pasa que a veces, la vida es una maldita perra?

¿No les pasa que a veces, nadie les devuelve al ser amado?

¿No les pasa que a veces, el tarot también les miente?

¿No les pasa que a veces, entran unas ganas terribles de bloquear a Pedro Pascal... también?

¿No les pasa que a veces, reconocen el reflejo en el espejo?

¿No les pasa que a veces, en vez de plumas, los angeles les dejan una notica?

¿No les pasa que a veces, da miedo que se les muera el gato, un martes por la tarde?

¿No les pasa que a veces, todo el mundo se voltea a mirarlos a la cara?

¿No les pasa que a veces, da miedo tener la razón?

¿No les pasa que a veces, soltar duele más que hacerse el pendejo?

¿No les pasa que a veces, todos los semáforos se ponen en verde?

¿No les pasa que a veces, la calle parece una pasarela y ustedes ángeles de Victoria's Secret?

¿No les pasa que a veces, se sienten tan JLo?

¿No les pasa que a veces, hubiese sido mejor nacer en Noruega?

¿No les pasa que a veces, dan ganas de morirse un ratico?

¿No les pasa que a veces, pa´tras asustan?

¿No les pasa que a veces, maluco también es bueno?

¿No les pasa que a veces, filosofar funciona?

¿No les pasa que a veces, es mejor no...?






Tengo a San Antonio puesto sin cabeza

 


Mi madre debió verme muy sola o muy desesperada luego de mi divorcio, porque una noche cualquiera, se apareció en mi casa con una imagen de yeso de San Antonio (con todo y niño). "Para que consiga marido, mamita"  - me dijo.  El gesto me pareció tierno, pero algo siniestro, también. Ese día aprendí que tocaba esconderle el niño para que concediera milagros de lo más variados, entre ellos, el amor, (esquivo por esos tiempos para mí) pero también supe que si la petición era expresamente conseguir marido, era necesario poner al santo de cabeza. 

Presta, puse la hermosa imagen de los dos santicos en mi escaparate, sin atreverme jamás a esconder el niño (me parecía cruel dejarlo solito por ahí, en medio de mis calzones o en una caja). Tampoco logré ponerlo de cabeza, (no estaba tan desesperada como mi mamá creía).

La torpeza es una de mis características más obvias, tengo los brazos largos y las manos muy grandes, por lo que mis movimientos suelen ser amplios e incluso bruscos. En una de esas gesticulaciones que acompañan mis discursos, les dí una bofetada a los dos lindos santos y se fueron al piso, con tan mala suerte que ambos perdieron la cabeza. !Ambos!

 Sobrará decir que aún no consigo marido... 






 



jueves, 8 de septiembre de 2016

En algún lugar de mi mente...


Estas pesadillas otra vez. Me acechan en la hora del diablo y me levanto asustada. Este desvelo me ha convertido en un ser medio dormido, no puedo pensar con claridad. La mitad de mí quiere estar en una cama eternamente; la otra debe hacer lo que corresponde: el trabajo, los oficios de la casa, la atención a los que me rodean. Pobres, solo quiero estar sola, dormir y dormir.

A veces las pesadillas son espeluznantes, en otras aparecen fantasmas y me dejan triste el día entero. Cuando quiero evadirme de esa cita de cada noche con mis sueños, me tomo una pastillita mágica. Me desconecto, voy a ningún lugar. 

Nadie sabe por qué no sueño, o mejor porqué sueño en negativo, los más amorosos sugieren estrés y cansancio. Otros que vaya al doctor, (pero ya lo hice, de ahí las pastillitas), hay otros más esotéricos: ellos aseguran que la hora en la que me despierto es la hora en la que "trabajan" quienes quieren hacerme daño. Hablan de hechizos, rezos y hasta bebedizos, me dicen que es mi culpa por recibir tinto en cada visita. Que me dañaron la suerte, que tengo "enemigas" sí, mujeres.

Por más que le doy vueltas, me quedo con la segunda opción: las pastillitas o en el mejor de los casos, unas lágrimas con la gente que quiero, son mi mejor terapia. 

Sé de odios hacia mí, lo he visto plasmado en la envidia y las puñaladas de personas que me sonrien y me saludan en la mañana; en los celos de mujeres extrañas que no me conocen, pero de las cuales soy fantasma, (con o sin culpa); lo veo en el silencio cómplice de quienes ven la injusticia y  no hablan.

Claro, el tema de los hechizos me da miedo, por ellos me he hecho cuanto baño, riego o ritual de "limpieza" me sugieren, pero las pesadillas siguen ahí, son parte de mí, esa soy yo en blanco y negro, en la noche, en un lado de mi mente donde todo es posible...




martes, 6 de septiembre de 2016

Ya no son… 

Él sigue ahí, escondido entre los muebles viejos de la memoria, de vez en cuando se asoma, se muestra, me hace gestos a lo lejos, como un niño jugando a las escondidas, quiere que lo encuentre. Pero ya no lo busco.
Su sombra a veces me asusta, me entristece… pero hago como si no la viera. Así es mejor…
Sus recuerdos están bien anclados en mi alma, yo misma los encadené allí. Pero luego quise que se fueran, barrí cada detalle, cada palabra, cada momento de esas ruinas.
Con los escombros traté de reconstruir un corazón que ya tenía varías averías, pero no pude, el resultado es un remedo maltrecho y desvencijado, lleno de grietas y paredes descascaradas.
Allí habita alguien más, que se metió por la fuerza, con mucho ímpetu y que vive de lo que alguna vez fuera puro amor… para otro
Él solo con sus propias manos, llenas de amor de verdad, ha tratado de reparar, cubrir, barnizar y poner lustroso aquello que yo pensaba perdido. Es su deseo de salvarme el que lo mantiene ahí, la intuición de que quizás con dedicación se pueda recuperar lo que por propia voluntad dejé ir…
Siempre está alerta, no se siente correspondido, tiene miedo. A veces grita, otras llora como un niño, pero le digo que no tema, porque no hay de qué temer, en los rincones sólo viven fantasmas de recuerdos creados y vueltos a crear en mi mente, recuerdos que ya no son…





Esa náusea...



No soporto tanta hipocresía, verlos arrastrarse ante quien ostenta el poder, un triste podercillo, me produce náusea.
El poder de alguien odioso, malo, sin sentimientos, incapaz de hacer su trabajo.
El odio que siento me cierra la garganta, me atraganta.

Quisiera poder gritar, golpearle hasta verle sangrar. La indignación que me produce es mucha!
Es un ser despreciable, vanidoso, arrogante, abominable.

Su séquito es más vil aun. Incapaces de usar su dignidad, los veo convertirse en gusanos a su paso a cambio de nada. Nadie les pide que lo hagan, lo hacen por placer, por el mero deseo de ser vistos como los seres miserables que son, a la espera de un ascenso no merecido o un golpe en la espalda ganado a pulso de ser el que se arrodilla, el que se joroba...

A veces se juntan en torno de su dios de turno, los oigo reírse frente a la humillación de otro, sin el menor asomo de deseo de protestar o siquiera guardar silencio, le apoyan con risitas ridículas y aplausos grotescos, como de morsa.

Desgraciado el que caiga en la lengua de esta autodenominada pantera, que desgarra y desuella por gusto, por el placer de arruinar vidas, con un gozo que se le ve en esos ojitos minúsculos llenos de desprecio y amargura. La misma que a veces siento cuando la observo moverse en su jaula de cristal, en un incesante ir y venir de apariencias y vanidades lejanas de las virtudes de un ser digno de admirar.

En momentos así quiero huir, mi mente divaga, mis ideas están muertas, no quiero trabajar, me niego a ofrecer algo de mí a esto que me rodea, a esto que me ensucia, me embadurna hasta los ojos, siento que es un barro espeso que se mete hasta en mis oídos, no veo, no me muevo, solo siento odio y oscuridad.

De nuevo trato de respirar, el fango en el que me sumerjo de 7 a 5 me atrapa, es enfermo, por voluntad propia salto cada mañana a este lodo inmundo, una voluntad que quiere romperse cuando abro los ojos.

No sé si es debilidad o fortaleza, pero no puedo irme, ya lo he intentado y no ha salido bien, he querido dejar atrás cualquier asomo de esclavitud, pero debo volver, estoy anclada a esto porque lejos de aquí, impolutos están  mis sueños de una vida mejor para mis hijos. Ellos son el color de mi vida, los naranjas y los azules de una realidad pura aún, sin suciedad, sin daños… ellos son mi gran deseo, y solo sé que no quiero que sean como yo!