lunes, 16 de febrero de 2026

Zulma


 

Era la niña más linda del colegio (o eso pensaba yo). Sentía una secreta admiración por ella y discretamente la miraba desde lejos, contemplaba sus movimientos exactos en el deporte y su serenidad para enfrentar las competencias, cada gesto técnico era impecable, era una ganadora hecha con disciplina, me impresionaba. 

Mi adolescencia estuvo marcada por la práctica casi obsesiva del baloncesto y ella se volvió mi referente. Producto de aquella fijación, entrené duro, por años y más tarde, fuimos compañeras y campeonas juntas... hoy la recordé y la busqué en mis redes sociales. Parece feliz, es mamá, doctora y una soltera radiante, quise sentirme feliz por ella, pero la tristeza me invadió, no pude encontrar ni un asomo de la imagen que atesoré en mi cabeza; ya no es esbelta, su cabello es rojo intenso como de fantasía, sus ojos están enmarcados por una línea blanca tatuada, (un maquillaje permanente que se usó en los 90) y el diseño estandarizado enderezó el colmillo montado que hacía única su sonrisa... No quise mirar más, la prefiero en la cancha del colegio, con su pelo negro y lacio, (atado bellamente en una larga cola de caballo), con su nariz aguileña indígena y su perfume de catálogo juvenil,  la prefiero así, alejada de los estragos del tiempo, de la moda y de mi memoria que siempre vuelve al tiempo en que todo mi mundo se limitaba a intentar ser tan buena como la niña más linda del colegio.




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